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febrero 16, 2010

¿Por qué Cayetano Delaura utiliza los versos de Garcilaso de La Vega?

Durante el transcurso de la obra, Cayetano Delaura hace gala de sus cualidades de hombre letrado, que ha pasado la mayor parte de su vida en la biblioteca eclesial; sus oficios incluyen la lectura y traducción de cuanto material bibliográfico esté a su alcance. También debe ser celoso centinela de dichas obras, ya que la inquisición está en boga en Cartagena de Indias, y su voto de silencio es fundamental para inspirar confianza a su tutor. Este voto le significa llevar el caso de ‘posesión demoníaca’ de Sierva María.

Sin embargo, la relación entre los dos se torna aparatosa y prohibida. Delaura cae en la oscuridad y defiende a toda costa la situación de la pequeña. A pesar que no llegan al acceso carnal, el vínculo sentimental se hace cada vez más fuerte. El tiempo que transcurren juntos le permite al sacerdote enseñarle a leer y a recitar los versos del ‘Príncipe de los Poetas’. En cada uno de estos, las palabras expresan una total entrega del hombre a la mujer, supeditado, incluso, a las decisiones que ella pueda tomar sobre él.

Enfocándonos en este aspecto, el desarrollo de la historia de amor entre los protagonistas tiene claras influencias del Petrarquismo, el concepto de ‘amor inalcanzable’, y el ‘dolor gentil del amor’ de De La Vega.
El vínculo entre este servidor de Carlos V y Delaura es de consanguinidad, según las palabras del autor, lo que fortalece el uso que hace del segundo de la obra del primero, logrando encarnar y experimentar el ‘amor trágico’ que Garcilaso plasma en su poética.

De acuerdo con los versos que Cayetano recita y enseña a Sierva María, son fragmentos pertenecientes a cuatro de los treinta y ocho sonetos del poeta ibérico: I, II, V y X. De La Vega dedicó la mayoría de los sonetos a la dama de honor de Isabel de Portugal: Isabel Freire, la cual conoció en 1526, mismo año en el que compuso el soneto V. Curiosamente, el ‘tormento’ al cual fue sometido Garcilaso se prolongó hasta 1534 con la muerte de su amada, dedicándole el soneto X.

La voz del amor angustioso está presente en sus versos, lo cual determina un paralelo entre los dos amoríos, donde prima el vínculo emocional más allá que el acceso carnal. La pureza de esta clase de amor está influenciada por el Platonismo y su idealización de la existencia. De alguna forma, la pequeña Sierva María se convierte en un refugio para el joven Delaura, quien prefiere pasar las noches en su compañía, ahogando la soledad de ambos, bajo la luz blanca de la luna y el dorado de sus cabellos. Esta figura de belleza y regocijo también tiene un halo de oscuridad que el mismo Cayetano describe como el ‘demonio’; el suplicio físico es fuerte y parece derrotar al protagonista, pero puede más su obstinación, su obsesión, su pasión.

Existe también otro patrón de conducta: los sueños. Casi de una manera icónica le es presentada la pequeña al sacerdote: sentada en una ventana, mirando hacia un campo cubierto por la nieve, comiendo uvas de un racimo que tiene sobre sus piernas. Este tipo de representación posee un alto contenido de simbología clásica.
De acuerdo con la tradición, el racimo de uvas, provenientes de la vid silvestre, pertenece a Dionisos, al que en su honor se realizaban diferentes festividades incluyendo los bacanales. Su personalidad estaba ligada a los placeres y la embriaguez del cuerpo. A pesar que Sierva María y Cayetano no consuman su amor, el principal motor fue la atracción física; fueron sus sentidos los que dieron el primer paso.

En segunda instancia está la figura de la mujer en la ventana. Los relatos la vinculan con la paciente espera en la soledad; generalmente, los candados de este tipo de prisión emocional únicamente pueden ser rotos por la presencia masculina. Finalmente, el campo nevado es considerado analogía del estado individual en la solitud; el invierno se convierte entonces en una dualidad esperanza-desasosiego.
La utilización de esta mitología es otro parámetro por el que Garcilaso guió la composición de su obra, siempre haciendo referencia a la congoja, el dolor y la llama incandescente del amor en el corazón maltrecho.

Ahora bien, tomando los versos utilizados por Delaura existe un común denominador: la muerte como único destino, pero a diferencia de una muerte de corte tradicional o trágica, es una muerte lenta, que transcurre al ritmo del idilio en el que se sumerge el enamorado. Podríamos llegar a afirmar incluso que esta muerte es un proceso definitivo y predecible para ambos, ya que este tipo de amoríos están llenos de conclusiones rotas.

El factor de augurio de la relación tormentosa se puede hacer visible en las palabras que Cayetano tomó de Garcilaso. Los dos últimos versos del último terceto del Soneto V:’ […] por vos nací, por vos tengo la vida/por vos he de morir, y por vos muero.’ De igual manera los siguientes versos del Soneto II contienen este ideal: ‘En fin a vuestras manos he venido/do sé que he de morir […] para que solo en mi fueses probado/ cuánto corta una ‘spada en un rendido.’ En la obra, el inicio del romance está determinado por el Soneto X, dedicado a la memoria de Isabel Freire, que permite vislumbrar un final triste. A pesar de esto, es necesario recrear el difícil camino que tuvieron que recorrer los protagonistas para marcar con su ficción las realidades de la historia.

Apoyo bibliográfico: http://www.thefreelibrary.com/A+Sonnet+from+Carthage:+Garcilaso+de+la+Vega+and+the+New+Poetry+of+...-a0177102218Del Amor y Otros Demonios. Gabriel García MárquezLes quedo debiendo otra referencia :P

Total Eclipse // Vidas al límite

En el año de 1871, de una forma inesperada, dos poetas se encuentran en una avenida desconociendo que la búsqueda del uno al otro finalizaría en la tragedia mejor conocida para el legado de la poesía futura. El primero se consideraba así mismo un genio, el segundo, por el contrario, con el peso de la vida familiar intentaba conservar la audacia en su poesía. Finalmente, ambos son el escape justo que estaban esperando. Esta película retrata la tormentosa relación de Arthur Rimbaud y Paul

Verlaine, poetas enmarcados en el simbolismo postromántico, destacando la espiral que tomarían sus vidas para complacer el justo placer de la creación poética; los personajes, a pesar de pertenecer a la labor poética, su vínculo se caracterizó por ser enfermizo, creativo, lleno de embriaguez mental y corporal, por lo que sus protagonistas tenían rumbos muy definidos incluso antes de encontrarse.

Rimbaud llevaba una vida explorada al límite permitiéndole romper los de la sociedad de su época. Curiosamente, el impulso para abordar la poesía es la inesperada presencia del cadáver de un soldado en el camino al río de su pueblo. Decidió entonces que su obra alcanzaría su status una vez pudiese explotar el cuerpo en todas sus formas significándole la trasgresión de los límites de la vida representada en la poesía, considerándola un fin en sí mismo, sin importarle la publicación de sus textos y la opinión del lector. De esta forma, Rimbaud, se configura con un instrumento social al ser todas las personas que le rodean. Este tipo de estímulo permite un comportamiento primitivo recurriendo a la violencia como una herramienta alterna para ser escuchado, pero este primitivismo no bloquea ningún tipo de manifestación simbólica que su poesía pueda experimentar. La rareza de su pensamiento es alabada, su indiferencia por la necedad de los que le alaban es mayor.

Verlaine decide recibir a Rimbaud en su seno una vez se entera que quiere tomarle como su mecenas para construir su obra. Sin embargo, el comportamiento desenfrenado del adolescente se convierte en un refugio para apartarse de su vida marital, regida por la monotonía de los parámetros de la sociedad. La contradicción se evidencia en el poeta parisino cada vez que se preocupa de su esposa cuando está lejano de ella y de su primogénito. La muerte tiene otra máscara en las acciones del Verlaine, ya que se disfraza en las situaciones que puedan lastimar a los seres que ama, incluyendo a Rimbaud.

Ahora bien, la obra del segundo encadena su simbolismo a la experimentación del amor; convierte a Arthur en su nuevo fetiche de inspiración al punto que decide poseerlo en todas las formas posibles: ingresando en su pensamiento, apropiándose de su cuerpo, conservando su obra en el recuerdo, incluso, celarlo del mundo que puede arrebatárselo. Esta posición permitió que fueran acusados de sodomía y que fueran puestos en prisión por doscientos francos y dos años.

Finalmente, esta realización cinematográfica recrea el amorío prohibido de estos dos poetas con estética. Basado en el libro escrito por Christopher Hampton, la actuación de los participantes es acertada, la ambientación logra crear una atmósfera densa alrededor del desarrollo de la historia, logrando que los excesos de los poetas determinen finalmente el arquetipo de su pensamiento.

agosto 24, 2009

Un vistazo trágico X2


EURÍPIDES. Orestes. Tomado de: http://es.wikisource.org/wiki/Eur%C3%ADpides_-_Orestes. Fecha de Ingreso: 24 de agosto de 2009.

Residentes en la ciudad de Argos, Electra y su hermano esperan la decisión del pueblo para ejecutar el juicio sobre los responsables del parricidio. Electra relata las desventuras sufridas antes de caer en desgracia, cuando la reina Clitemenestra, y también madre, asesina a su esposo Agamenón, desposando después al general de sus ejércitos. Sin embargo, regresando del exilio y ocultándo su verdadera identidad, Orestes venga la muerte de su padre costándole la vida a su progenitora. Siete días despúes, las Erinnias se encargan de atormentar al criminal casi llevándole a la locura.
La obra inicia con un diálogo entre Helena, la causante de los males a troyanos y helenos, y la aflijida sentenciada; la primera quiere hacer honores a la tumba de la reina fratricida, quien es su hermana, pero teme que sus acciones sean vistas con malos ojos por los ciudadanos argivos, es entonces cuando Electra la convence de que envíe a su hija, Hermíone, para evitar algún tipo de agravio. Helena acepta el consejo.
Un coro de mujeres de la ciudad, preocupado por la situación que atraviesan los dos hermanos, entabla conversación con la condenada y logran despertar de los oscuros sueños a Orestes, el cual revela la caótica situación que vive en su cabeza a causa de Tisífone y sus dos hermanas. Aunque toda esperanza de salvación parece ser nula, Electra confía que su tío Menelao arribe a Argos y logre convencer a los habitantes de que el parricidio fue una venganza justa.

A escena arriva Menelao y reconoce la situación. Después de un coloquio con su sobrino, el rey espartano es acometido por la duda y decide esperar para tomar partido. Orestes siente que ha sido traicionado.
Luego llega el padre de Clitemenestra, Tíndaro, quien se muestra descontento porque su nieto aún vive, y decide acelerar la muerte de este buscando el apoyo en el pueblo argiano. Es entonces cuando Orestes recurre al honor de su padre para que su tío le salve la vida; le habla de retribuir los servicios, uno por uno.
Sin embargo, la duda sigue presente en el corazón de Menelao.

Arriva Pílades, primo del condenado, con el que acuerdan tomar las riendas de la situación: planean una estratagema para vengarse de todos aquellos que lastimaron su orgullo, vengándose de sus malhechores. La muerte de Helena es su objetivo principal, además de tomar por rehén a su hija Hermíone;
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La característica principal de esta poesía es la fortaleza que poseen los diálogos para desarrollar la historia; si bien hay un coro que acompaña a los protagonistas, son estos mismos los encargados de superar las vicisitudes con las palabras.
También es importante la presencia divina que no menciona únicamente a los habitantes del Olimpo, sino también a la fuerza demoniaca que vincula al hombre con sus actos más atroces, entre estos el homicidio.
Orestes tiene una extensión amplia y compleja, pero de una lectura sencilla y agradable.

agosto 20, 2009

Un vistazo trágico XI


SÓFOCLES. Las Traquinias. Tomado de:http://www.scribd.com/doc/14842288/Sofocles-Las-Traquinias. Fecha de Ingreso: 19 de agosto de 2009. Digitalizado por http://www.librodot.com.

Esta pieza poética relata los hechos concernientes a la muerte de Heracles enfocando su atención en las emociones expresadas por su esposa Deyanira. La obra se desarrolla en Traquinia, perteneciente a la ciudad Tesalia, e inicia con la aparición en escena de la consorte del héroe griego; ella relata el tiempo de ausencia de su marido y las penas que ha sufrido en consecuencia. Una nodriza que le acompaña en sus lamentos la exhorta para que envíe a Hilo, su hijo mayor, en búsqueda de su padre ya que los oráculos preveen el fin de su existencia. Partiendo el mancebo, un coro compuesto por niñas de la ciudad acuden a consolar a la pobre mujer y hablan de los azares del destino y de la voluntad del ausente.

A escena llega un mensajero con la buena nueva del regreso de Heracles; ante la noticia, Deyanira reacciona con alegría y da gracias a Zeus. Al instante arriva el heraldo de Heracles con un grupo de esclavas traídas desde la ciudad Ecalia. Ligas puntualiza los sucesos que rodearon a su amo después de partir de sus tierras, resaltando su condición de esclavo y su posterior venganza. La mujer contiene su emoción y fija su atención en una joven hermosa que estaba en la caravana; pregunta al enviado por el nombre de la dama y él no le da razón alguna, aduciendo desconocimiento del mismo. Sin embargo, el primer mensajero, en privado con la señora, le narra los hechos verídicos y declara a la bella cautiva como una nueva esposa de su amo. Presa de la cólera, la leal esposa confirma las conjeturas y decide cambiar tal situación enviando a su marido una prenda para que vuelva a sus brazos. Tal prenda era un vestido de gala. Licas parte llevándolo obediente.

Pero el Coro logra revelar la verdad del obsequio cuando Deyanira le confiesa que el traje estaba impregnado con una esencia obtenida del centauro Neso, en tiempos en que este le profesaba amor y, por tal motivo, fue muerto por Heracles. Angustiada por los cambios que puede efectuar sobre su esposo; la mujer también revela que al parecer la esencia es un veneno mortal, porque después de haber impregnado el presente con un algodón humedecido al contacto del sol se desvaneció. Efectivamente, la ira del héroe es desatada cuando se entera de la procedencia del obsequio, pues ha infligido pena y dolor, en vez del amor profundo. Hilos pone en conocimiento de esto a su madre y se avergüenza de ella, llenándola de reproches y obligándola a internarse en palacio. El motivo del efecto contrario en su padre se debe a que la esencia en el vestido provenía de la herida mortal que le había propiciado a la criatura de los bosques y esta, queriendo vengarse, engaña a la doncella dándole a guardar la muerte de su futuro marido.

También la de ella, pues al conocer que el amor de su vida fallece por su culpa, decide no vivir más y se atraviesa el costado con una espada, despidiendose del lecho nupcial para siempre. Una nodriza revela al coro los trágicos sucesos cuando llega a escena Heracles, dormido en una camilla. Depertando, busca a gritos a su hijo y, conciente de que la hora de la hora de su muerte está cercana, le revela el oráculo que profetizó su deceso.
La obra termina con la última voluntad de Heracles, siendo consumido por una hoguera.

Sófocles presenta los celos como un móvil para manipular las emociones femeninas, sin embargo, el diagrama de la historia se configura en la 'ausencia' y curiosamente los protagonistas jamás se encuentran en escena juntos. Siempre hay una lejanía presente durante el desarrollo de los hechos.

agosto 11, 2009

Un vistazo trágico X



Esquilo. Los Persas. Leído de: http://www.scribd.com/doc/14842265/ESQUILO-Tragedias. Digitalizado por: http://www.librodot.com.


Conocida como la única sobreviviente de una serie de tragedias dedicadas a las Guerras Médicas,
Los Persas narra los acontecimientos sucedidos en el 480 a.C después de la batalla de Salamina. La obra está ambientada en Susa, capital Persa, e inicia con la entrada a escena del Coro de fieles, el cual relata los antecedentes para la partida del ejército persa por la conquista de la Hélade. Habla que Jerjes, hijo de Darío I, comanda los ejércitos, y realiza una descripción detallada de sus generales, los hombres a su servicio, las armas y las hazañas que el numeroso ejército ha cometido en la historia; además, hablan de las familias que esperan el regreso de sus esposos y padres, y de los dolores que atormentarían los hogares en dado caso que se prolongase su ausencia. Por lo anterior el Coro se muestra impaciente porque no han llegado noticias, pero la espera continúa cuando deciden apostarse a la entrada del palacio.


Es entonces cuando la reina Acosa (Attosa) entra a escena, seguida de un gran cortejo, y después de recibir el saludo de los fieles, dialoga con ellos acerca de las visiones que ha tenido en las noches mientras yace en sueños. Desde que su hijo partió estas quimeras le acompañan; relata una de estas a los fieles y les pide consejo para su interpretación. Apesar de lo atroz que se encierra en dicho sueño, el Coro cree que ' estos presagios se realizarán del todo bien'. En la lejanía ven la llegada de un mensajero el cual trae noticias desdichadas para sus conciudadanos: el ejército persa ha sido derrotado y reducido a cenizas. Sus más grandes generales se han convertido en el recuerdo de su heroismo, porque de ellos ahora solo queda el polvo. La reina se llena de lamentos, acompañada por el Coro. La nación ahora está desprotegida, y la ambición hizo sucumbir la empresa de Jerjes, único sobreviviente, quien acorde con las palabras del mensajero, está pronto a regresar a su tierra, maltrecho e irreconocible.
El mensajero parte. La reina decide hacer libaciones y ofrendas, a la tierra y a los dioses, y parte con su compañía, no sin antes solicitar a los fieles que consuelen a su hijo, si este llega y ella no puede recibirlo.

El Coro se prepara para el ritual, y al regreso de la reina con las ofrendas, comienzan a evocar la memoria de los muertos, en especial la de Darío I.
Con ayes y lamentos consiguen que la sombra del difunto se pronuncie sobre su tumba e inician un diálogo con él. Las palabras que cruzan relatan las desgracias y el fantasma del rey deja ver su inconformismo con la ambición de su hijo, reconoce que los dioses tampoco le fueron favorables y parte reconociendo la supremacía de Atenas y de la Hélade, aconsejando a su esposa que salga al encuentro de su hijo, y los fieles les exhorta a continuar con la vida.

Después, Jérjes llega en un carro, con sus vestiduras rasgadas y empieza a relatar el infortunio de la guerra; habla de lo fácil que se veía la victoria, pero la derrota fue inminente. Los fieles comparten sus lamentos con su gobernante e ingresan a palacio. Al igual que Agamenón y Los siete contra Tebas, el Coro juega un papel crucial en el desarrollo de la historia, brindando al espectador una visión más amplia de la situación. Además, la obra podría considerarse, en cierto punto, de tinte nacionalista, porque resalta la supremacía de la cultura helénica sobre aquellas que intentan dañarla; los dioses griegos tienen una presencia indirecta en escena, siendo acusados de los causantes de la desgracia persa. Jérjes es dibujado con la silueta de la ambición, mientras que la sabiduría es encarnada por Darío, incluso desde el mundo de los muertos.

Esquilo logra describir los acontecimientos históricos, de gran importancia, en forma detallada y con una poética sublime, sin importar que sea en una extensión propia de una obra de transición.


julio 24, 2009

Un vistazo trágico VII


Aristófanes. “Las Ranas”. En: Las Once Comedias, págs 263 a 290. México D.F. Editorial Porrúa, 2004

A diferencia de sus colegas poetas, Aristófanes decidió dejar su mensaje a través de la comedia. Su sátira es exquisita. “Las Ranas” es una obra que se configura de una manera distinta a la tragedia clásica; la mirada del hombre hacia la voluntad de los dioses, es invertida, pues es uno de ellos el encargado de elegir al mejor poeta para su entretención y salvación de la sociedad griega. Es así como Dionisio decide bajar al Hades para rescatar a Eurípides y traerlo de vuelta a los escenarios; acompañado por Jantias, su esclavo, visita al mítico Herácles solicitando el camino para llegar al averno. Amablemente concede la petición no sin antes burlarse de la muerte y de su condición divina, proponiéndole el suicido como la alternativa más práctica. Le indica que el camino largo que él recorrió comprende atravesar el Aqueronte, cruzar por la ciénaga donde yacen los perjuros y los parricidas, para luego llegar al jardín de los iniciados. Dionisio empieza su viaje, paga los dos óbolos al barquero y en el transcurso del trayecto un coro de ranas canta las virtudes, que les fueron concedidas por los habitantes del Olimpo, sin importarle que el silencio es la mejor compañía para el viaje hacia el averno. El hijo de Semele y su esclavo se encuentran después con el coro de los iniciados que, a diferencia del de ranas, no se vanaglorian y sí cantan el ambiente circundante en la tierra de los muertos. Los viajeros llegan a la puerta de Plutón, dios de los muertos, y a su encuentro les sale Eaco, un esclavo; Dionisio se identifica diciendo que es Herácles y mala es su fortuna cuando se entera que ese nombre merece castigo por la ejecución al can cerbero, guardián de las puertas muertas, y el esclavo parte en busca de las atrocidades necesarias para cumplir con tal fin. Temeroso de su destino, Dionisio intercambia de vestuario con su criado, desconociendo que Jantias, en su nuevo papel, gozaría de las atenciones que unas criadas tienen preparadas para el hijo de Zéus. Motivado por la situación, Dionisio intercambia con su esclavo de nuevo, pero esta vez la presencia de unas taberneras, amenazantes, hacen que de nuevo busque el cambio a la identidad de un esclavo; sin embargo, Eaco vuelve y los castiga, golpeando a los dos por igual.

Después, Jantias y un criado de la casa de Plutón dialogan acerca de la situación que se vive en el Hades teniendo a dos grandes poetas juntos. La razón: la ración alimenticia en el Pritáneo y un asiento junto al rey de los infiernos, derecho que se otorga únicamente a los artistas sobresalientes. Sin embargo, ese lugar lo tenía Esquilo hasta que la muerte de Eurípides les puso en rivalidad una vez más. El objetivo de Dionisio es llevar de regreso al segundo de los poetas pero, al enterarse del estatus de Esquilo, decide someterlos a contienda para decidir cual es el mejor. Decisión que toma en presencia de Plutón, quien le motiva a no dejar que su viaje haya sido en vano.

Esta obra literaria está cargada de una crítica constante a la ocupación del poeta y su función social, además de resaltar el legado y lo complejo de sus creaciones; ante la pregunta ‘Que se debe admirar en un poeta? ’, Aristófanes tilda de insensato a Eurípides.

Finalmente, el autor deja un mensaje contundente a todos aquellos que consideran que el valor del desempeño en un oficio no es materia de conflicto de palabras pues, “Pasar la vida en discusiones infladas y en vanas frivolidades propio es de un hombre que ha perdido el juicio”.

mayo 15, 2009

Un vistazo Trágico V


KIERKEGAARD. Antígona. México, D. F.: Editorial Séneca, 1942.


Antígona, es una obra escrita con la finalidad de explicar y comprender el valor de lo trágico en la existencia del hombre. Fue escrita por el filósofo danés Soren Kierkegaard, el cual, se le considera como el padre de la angustia, y sus postulados le merecen el reconocimiento a nivel mundial como precursor del existencialismo.
Este texto se encuentra claramente dividido en dos partes. La primera hace referencia al concepto trágico, y la segunda ejemplifica tal concepto a través de una figura femenina, a la que el autor llama Antígona.


El concepto trágico, dice, dentro de su lógica no deja de ser trágico, ya que su inmutabilidad en el nivel temporal permanece; sin embargo, existe una gran diferencia en la esencia de lo trágico y lo trágico antiguo. Entonces, lo que se trata de demostrar es que lo trágico antiguo se deja reabsorber esencialmente por lo trágico moderno, de tal modo, que en él se manifiesta lo trágico verdadero (Pg 14). La presencia de la comicidad hace que ese sentimiento trágico se pierda, ya que nuestra actualidad gira camina más junto a la risa. La duda que expone el autor referencia los dos estados del individuo: el aislamiento y la colectividad. Supone que un individuo aislado hace valer para sí mismo lo que le inquieta, y la colectividad ha permitido que los pueblos se redefinan para continuar con el camino. La duda que se enmarca en esta dualidad es la de compartir aquello que mantiene ocupada la mente de un individuo único y solitario, o mantener en el anonimato su pensamiento. Es allí donde entra a jugar la acción un papel fundamental en la existencia ya que desemboca en la responsabilidad, y esa responsabilidad se transmite de unos a otros en la colectividad.

Ahora, con respecto al concepto trágico, el autor destaca que la participación de los pueblos griegos en los teatros para ver las obras que reflejan sus actos, hace posible que el conjunto visualice de una mejor manera su proceder. Entonces, sobre el escenario, los personajes que cada obra trae consigo son los encargados de comportarse acorde a la situación; ejecutan la acción requerida para seguir el rumbo de la historia. Sucede que otro elemento característico, el coro, oscila entre la sustancialidad de lo épico y el fervor lírico; en estos dos estados se expresa el excedente que no llega a resolverse en la individualidad. (Pg 20) Para efectos del desarrollo de la obra, la vida de cada personaje debe ser una acción.

A continuación, la obra plantea la consecuencia de esa acción y, menciona y define la culpabilidad y la comicidad. La primera se desarrolla en una colisión trágica del actuar y el sufrir, mientras que la segunda es propia del aislamiento. Entonces, para que el sentimiento trágico no perdure en un estado que no le corresponde, el autor apela a la estética para explicar la contradicción que se presenta en el individuo una vez que este ha caído en desgracia. Esta estética se desenvuelve entre el temor, la compasión, el dolor y el sufrimiento; destacándose el sufrimiento como un pilar para despertar en el espectador la compasión. Apelando a la actitud de un niño, cuando ve que alguien mayor padece un dolor, la condición del sufrimiento se hace más asimilable. Sin necesidad de sentir en carne propia la dolencia que maltrata, la compasión se encarga que el espectador acompañe al personaje en su pena. Es por esto que la culpabilidad del héroe griego aparece indefinida (Pg 36), y transforma las emociones de cada uno de los testigos ya que todo tiende a tornarse relativo, y el autor afirma que la estética tiene por objetivo lo relativo (Pg 41), por lo cual, el sufrimiento en la tragedia antigua despierta la identidad en los asistentes. De esta manera, es posible que el individuo pueda reconstruirse así mismo, en el camino que conduce hacia la verdad. Esa verdad, que el autor referencia, debe despertar todo tipo de dudas, en especial, aquellas que conciernan al ser individual, como único responsable de sus actos; entonces, la culpabilidad conlleva a la angustia y esta es el órgano por el cual el sujeto se apropia y asimila el sufrimiento (Pg 54). Y afirma que la angustia implica una reflexión de tiempo; no se puede estar angustiado por algo del presente, sino por algo del pasado o del porvenir (Pg 56).

La segunda parte de la obra se concentra en ejemplificar el concepto trágico en la figura de Antígona. Pero la diferencia notoriamente de la Antígona de Sófocles; esta Antígona vive una tragedia descrita en la cárcel del amor. Un amor paternal que le pesa sobre los hombros; el autor describe este amor como una flecha que atraviesa el corazón y permite vivir a la protagonista mientras más daño le provoque. Esta ejemplificación retoma los postulados del filósofo acerca de la angustia y la individualidad del ser. Plasma la capacidad del hombre de reconocerse finito ante lo que le rodea, y al mismo tiempo, la posibilidad que su existencia le brinda, de modificar aquello que le adolece.

mayo 08, 2009

Un vistazo trágico III

JASPERS, Karl. Esencia y formas de lo trágico. Buenos Aires: Editorial Sur, S.R.L., 1960


Dentro de su contenido filosófico, este libro maneja una verosimilitud entre la tragedia y la existencia del hombre. Dividido en cinco capítulos, esta obra busca realizar un bosquejo de lo que es la vida y lo que a ella concierne: las acciones. En el primer capítulo, comienza un merodeo alrededor de la duda; la búsqueda de la verdad es una tarea que gracias al lenguaje, se ha logrado transmitir a generaciones posteriores. Los medios utilizados para explicar su existencia (la del hombre) son la religión, que funciona como un motor que brinda sentido a vivir; el arte, que desentraña la trascendencia a través de expresiones pláticas; y la poesía, que vincula al lenguaje como principal herramienta para reconocer la creación del mundo y la representación que nosotros le damos. Las tres confluyen en la pureza; una virtud que libere el cuerpo y el pensamiento del hombre, y así evitar caer en el nihilismo, ya que la desesperación es una de las salidas al caos que rodea la existencia humana.

El segundo capítulo se enfoca en el concepto de la redención. Pero esa redención no es presentada como una realidad inalcanzable, por el contrario, es presentada como un camino que ha recorrido los años en el papel de los grandes trágicos de la historia, con el único objetivo de encontrar las respuestas de la perfección. La ambivalencia es entonces uno de esos karmas que el hombre debe superar, pues “Ninguna situación estable puede prevalecer dado que ninguna le satisface”. Para llegar a esa superación, el hombre emprende una búsqueda en sus acciones, que son puestas en escena y mitifican el existir. Cabe resaltar que el hombre, como ser inacabado, siempre tendrá los interrogantes de su origen; por eso la presencia de una deidad facilita, en cierta forma, la comprensión de su destino. Entonces, ese trazado, vincula al alma en un proceso de compasión, desesperación y serenidad: una catarsis. Compasión cuando ve a sus semejantes como el reflejo de sus acciones. Desesperación porque, tanto él como sus semejantes, tienen un destino del que jamás podrán escapar. Y serenidad pues la aceptación se convierte en el reconocimiento de su condición humana. Ese saber trágico no le condena. Le engrandece, pues así sorteará hábilmente las dificultades del porvenir, sin dejarlo exento del fracaso.

El tercer capítulo nos enfoca a la poesía y su influencia en la tragedia humana. Primero habla de la importancia de una atmósfera trágica que hace del hombre un ser capaz de vivir; esa atmósfera centra la atención en los temores que excitan al hombre a actuar. Sin embargo, el objetivo va dirigido a las emociones y sensaciones que puedan despertar un estado de culpabilidad; aquello que parece derrotar se convierte entonces en un aliento para purgar la existencia. Esa culpa se dibuja en el ser y el hacer, la primera hace referencia al destino que se nos ha marcado, y la segunda describe las acciones que cumplen nuestro destino trazado. Pero ese hombre que sucumbe no permanece inmóvil o resignado, se dedica a comprender la veracidad de los hechos y toma partido. Como ejemplo, el autor somete a comparación a los personajes de Edipo y Hamlet. Menciona el contraste entre la dicha que les rodea a ambos antes de caer en desgracia, y también yuxtapone la respuesta de cada uno al fracaso: Edipo muere en vida, mientras que Hamlet ha preparado su existencia para morir. La pequeñez del hombre, entonces, no puede igualarse a sus debilidades, jamás tendrá el esplendor de sus victorias, pero siempre estará ligada a esa condición de trascendía que le espera en la otra orilla.

En el cuarto capítulo se abordan tres conceptos importantes de la condición trágica: la redención, liberación y transformación.

La redención es mencionada como “un acontecer objetivo, el cual llega al conocimiento del hombre por obra de la revelación, de suerte que a partir de entonces puede conocer el recto camino en general y encontrarse en él”. Entonces es necesario establecer un lazo de afectividad entre el espectador y el personaje, ya que el segundo debe conducir al primero por este camino. La catarsis mencionada anteriormente, establece un estado de conocimiento absoluto del origen de la tragedia: sucumbe y sabe el porqué. Aún así, queda incompleto este concepto puesto que da la sensación de que nuestra condición humana está destina a sufrir. Allí entra el concepto de liberación, mencionado como “la superación de lo trágico mediante el saber en torno a un ser, frente al cual lo trágico ha devenido, o bien el fundamento ya reconciliado o bien el primer plano visible”. Entonces, la liberación actúa como fundamento de una vida esclarecida. La Transformación permite que el pueblo educado por la obra trágica reconozca su condición y así conviertan su vida en otra mirada de la existencia.

El último capítulo revela una serie de interpretaciones del funcionamiento trágico, dentro de las cuales se resalta el destino como principio de todo suceso; sin embargo, la mitología y la naturaleza de la existencia concentran los esfuerzos de la trascendencia del hombre en un punto llamado: la acción. Gracias a ella, la definición de vivir se hace más llevadera.

El autor deja una semilla muy bien plantada con esta obra; lleva al lector al punto de interrogarse sobre los demás, sobre él mismo y sobre lo que vendrá escrito en las páginas futuras de un libro llamado vida.


Un vistazo trágico IV


Sófocles. “Edipo en Colono”. En: Las siete tragedias. México D.F. Editorial Porrúa, 2007.


“Cuando nada soy es cuando soy hombre?” Esta línea dicha por Edipo marca la transición entre el hombre que fue desechado por los dioses, y el hombre que necesitan los humanos. En esta obra, el protagonista camina con dificultad por la oscura senda de la vida, ayudado por su fiel hija Antígona; el peso de los años desgarra su voz, pero su fortaleza de espíritu se mantiene sólida. Ese mismo espíritu que en algún momento se quebró y se sacó los ojos. Ese mismo espíritu que dejará para la memoria de los demás, el peso de nuestras acciones. Edipo es el personaje que muere en vida, pero se redime durante ese tránsito. Eso es lo que tal vez Sófocles quiso plasmar en esta obra: se conmovió tanto con su personaje que buscó la manera de ponerlo en el pedestal que los dioses le destruyeron. El inicio de la obra está marcada con el ingreso del ciego, en compañía de su hija, en los bosques de las Euménides; desconociendo que es un territorio santo, Edipo busca la forma de llamar al gobernante, pues tiene para él una fórmula de mantener segura e intacta la ciudad, de sus enemigos o ejércitos invasores. Al parecer, esta promesa despierta la inquietud, ya que un hombre maldecido no tiene otro legado que la maldición que pesa en su nombre. Sin embargo, dos ancianos se acercan al lugar e interrogan a Edipo acerca de su estadía en aquel territorio. En el transcurso de la conversación se desprecia la condición del ciego. Antígona intercede para que su padre sea escuchado, y el corifeo accede a las peticiones del otrora rey de Tebas. Entonces hace su arribo la escena su segunda hija, Ismene, la cual pone al tanto de la situación de discordia entre sus hermanos y la guerra que está a punto de desatarse en territorio tebano. Edipo, convencido del oráculo que le reveló Febo, deja entrever que todo lo que está ocurriendo hace parte del plan: un destino trazado desde el día de su nacimiento. Ante esto, Ismene se dispone para preparar la tumba de su padre, pues el cielo la augura con el rugir de los truenos, y parte al lugar señalado por el mismo Edipo. Después arriva al lugar Teseo, el rey de Atenas y se muestra presto a las palabras del ciego, el cual le habla acerca de la manera de cómo mantener a salvo su ciudad de cualquier acecho del enemigo: su propio cuerpo. Se lo ofrece como regalo y le indica que pasos debe seguir cuando este muera. Teseo lo acepta y parte. Después llega al lugar Creonte, el causante de muchos de los males de Edipo y toma por rapto a las dos hijas del ciego, y éste, viejo, cansado, con la voz llena de lamentos, implora la presencia del rey para que haga justicia y recupere las dos mujeres. Así sucede.

El rey entonces informa al viejo que un conciudadano suyo desea verle. Aquel es uno de sus hijos, Polinices, el cual habla acerca de su destierro y su decisión de retomar el trono tebano, así implique la muerte de su hermano Eteocles. Edipo hace referencia de la maldición que hizo caer sobre los dos hermanos, cuando fue desterrado y lo deja partir para la batalla. Respecto a este suceso, el viejo dice: “[…] sucederá que los hijos míos obtendrán de mí, tanta tierra cuanta necesiten para caer en ella muertos.” Finalmente, la hora de la muerte para el malaventurado ciego llega. Y su muerte es tan significativa que, al parecer, las escaleras que conducen hacia el hades, las desciende en carne y alma.

En esta obra, la figura de Edipo alcanza el estatus que ningún otro hombre pueda alcanzar, y ese cambio en su condición se da con el tiempo. Personaje encargado de dar muerte a todo aquello que no toca a los dioses. El coro hace referencia a este proceso de vivir en un parlamento bastante completo cuando Teseo logra rescatar a las hijas del anciano invidente. Es claro que Sófocles logra rescatar la desgraciada imagen de Edipo y deja para la posteridad un concepto más halagador de este personaje, pues lo convierte en elemento único de redención.

El hombre se redime así mismo en su condición de hombre; son las acciones aquellas que le dibujan finito o le preparan un lugar en la inmortalidad. Esta posibilidad abierta para dejar huella en la historia de un mundo marchito, se concibe gracias al tiempo, y no importa si los dioses, en sus jardines de oropel, no sufren ninguna consecuencia de la desgracia, porque los hombres hacen en su largo camino lo necesario para encontrar un peldaño para ascender la escalera de papel, que la historia escribe de cada uno de ellos.


Un vistazo trágico II


Esquilo. “Los siete contra Tebas”. En: Las siete tragedias. México D.F. Editorial Porrúa, 2003.

Similar a sus hermanas trágicas, Los siete contra Tebas, impregna cada línea con la voz desgarradora del cruel destino. El desarrollo de la historia toma lugar en las murallas de la ciudad gobernada por Eteocles, cuando siete importantes generales, provenientes de Argos, se disponen a arrasar con su imagen y estructura; sin embargo, el gobernante tebano canta con fuerza su confianza y la confianza que tiene depositada en sus hombres para contener el asedio. El coro, por el contrario adopta una postura indignante y temerosa, pues conoce la maldición arrojada por Edipo sobre sus dos hijos (Eteocles y Policines) y los ayes de la tristeza son su fiel retrato. Eteocles, guerrero incansable, lucha contra su propio hermano, al que le da muerte y cumple con su destino. Aun así, la ciudad es salvada, pero el duelo por los fallecidos continúa cuando sus hermanas, Antígona e Ismene, recogen los cuerpos y les dan sepultura.

La historia maneja una secuencia muy acorde a la estructura de la tragedia griega: se advierte la amenaza, se combate la amenaza, se sufre el destino. Lo que la hace particular es la aparición de pocos personajes para un entramado complejo; la batalla jamás toma lugar en escena; las murallas están lejanas a los pies de su gobernante, pero la voz del mensajero llena de vitalidad el suceso desgarrador. La narración brindada por el personaje persuade fácilmente al auditorio. En sus líneas está la responsabilidad de dotar de claridad y lo cumple a cabalidad: la descripción de los generales, los emblemas que llevan en sus escudos, las promesas de muerte que dicen. Todo confluye en este fiel servidor.

La voz de Eteocles se hace victoriosa a medida que el mensajero prosigue en el relato. Está tan convencido, que desestima toda posibilidad de perecer cuando combata a su hermano. La voz del coro, lleno de mujeres tebanas, advierte y pone en duda la esperanza, cumpliendo con un propósito noble: el de dibujar la desolación que poblará la ciudad-estado.

En la obra, podemos encontrar un uso constante de la simbología. El número de generales que ataca la ciudad (7) es constantemente vinculado con la perfección, haciendo que las comparaciones salten a la vista fácilmente: en el bushido, las virtudes que un guerrero debe tener hacen alusión a un camino de rectitud; sin embargo, cada general representa una antítesis de: la compasión, la cortesía, el honor, la sinceridad absoluta, el valor heroico, la justicia, y la lealtad. Además, cada emblema referencia la personalidad y el linaje de cada hombre. Eteocles llama, para combatirlos, a hombres sabios que tienen el espíritu para la guerra.

Las deidades del Partenón griego conservan, en esta obra, una referencia al deber de cumplir; no son culpables de las acciones de los hombres, se encargan de dictaminar los merecimientos de cada uno y así, el coro atribuye a Ares la tragedia vivida por los hermanos. La figura de un hombre minúsculo ante las consecuencias de sus actos también toma lugar en la obra; resalto las palabras del mensajero: “Tales son nuestros goces y miserias: la ciudad, vencedora, y nuestros príncipes, los dos caudillos, con el hierro escita forjado a martillazos, se han partido todo su patrimonio. Y no más tierra tendrán que la que ocupen en la tumba, anegados, en tétrico destino, según las maldiciones de su padre”.

Con esta tragedia, Esquilo hace un buen uso de la palabra como elemento fundamental de construcción; cada personaje canta más allá de lo que los sentidos conciben, describen sus desgracias y alegrías como si fueran las únicas posesiones que un hombre de carne y sangre puede tener.

Un vistazo trágico I



ROMILLY, Jacqueline de. ¿Por qué Grecia? Madrid: Editorial Debate, S.A., 1997.

Durante el transcurso de la lectura de este libro me di por vencido en el intento de vivir toda una vida en la búsqueda de una respuesta única, cualquiera que esta sea. El libro es sencillo de digerir, con una forma particular de ser escrito y con un contenido amplio del tema greco. Comenzando por el prefacio, la autora da una breve explicación del porqué de su obra y el tiempo de vida (casi toda su vida) que le ha tomado descubrir la maravillosa cultura de la Grecia Clásica; desde la fascinación por Tucídides, hasta la universalidad de las obras griegas que en el siglo V a.c vieron la luz y La influencia que han ejercido, en casi todas las épocas y en muchos países”. Sin embargo, el libro presenta un análisis más allá de la simple admiración, la autora explica con detalles de lugar y fecha las consecuencias de lo sucedido en el siglo mencionado.

El libro se encuentra organizado a partir de las actividades más influyentes de los griegos en el siglo V a.c; lo primero que salta a la vista es el valor que los griegos tenían del hombre. Lo consideraban un ser por el cual todas las cosas se mueven y, a su vez, son modificadas por él; la calidad que reside en los detalles del modo de vida de los griegos es abrumadora. Un hombre que era capaz de dibujar un mundo para él, pero insignificante para los dioses que regían su conducta; la autora, entonces, recalca la cualidad de los sacrificios griegos “ que nos conmueven porque fueron amalgamados en una cultura literaria y humanizada, que conservó su rastro y que de pasada, a toda prisa, más o menos nos lo explicó”.

Ahora bien, el contenido del libro se centra en una figura definida y mutable: el héroe, el cual, siempre se presenta como víctima y victimario de su propia vida. Y el lenguaje de la tragedia, movimiento dramático, se encargó de exaltar esta figura. Tal como J-P Vernant afirmaba “ los sufrimientos son en la tragedia, extraídos de la opacidad de lo particular y de lo accidental y que al mismo tiempo que se refieren a personajes y acontecimientos singulares, unidos al marco histórico y social que les corresponde, adquieren una dimensión y una significación más amplia”. La tragedia entonces configuró sus obras para reconocer el camino que cada Héroe toma y las peripecias que afronta durante el transcurso de su existencia, tal como la relación con los dioses, los hombres y su corazón. La puesta en escena entonces “debía que dejar de lado todo aquello que fuera demasiado inverosímil, por el horror o por lo burlesco”. Y es por eso que la humanidad de todos los personajes presentados logra capturar al espectador, pues las sensaciones más sencillas están de su lado, tal como los personajes que admira. La discusión constante en el interior, el dilema moral que invade a cada protagonista se convierte en un reflejo de la sociedad greca; el siglo V se caracteriza por el uso tan acertado de la palabra para el debate de las ideas. La fuerza de las ideas esta en las palabras y hablar, explicarse, convencerse los unos a los otros es de lo que Atenas se sentía orgullosa, lo que los textos no cesan de destacar”, y son los coros aquellos que brindan al espectador la visión clara de esos dilemas. Entonces, en la tragedia: sus personajes y la reflexión del hombre “la generalización ofrecida por los coros pertenece al ámbito de la vieja sabiduría, de la moral, de la religión: la que ofrecen los personajes pertenece directamente al ámbito de esa afición por el debate que parece ser la característica de la Atenas del siglo V”.

La autora entra a analizar el papel de la filosofía, hacia la parte final de su obra. Destaca la labor de un Sócrates, que al igual que sus colegas, hizo uso de la herramienta oral de la forma que nadie antes lo había hecho. Fue capaz de introducir la mayéutica y logró que sus grandes interrogantes que él tenía de la humanidad fueran respondidos por ella misma. Sin embargo, su conocimiento se pudo haber perdido entre las ramas de los árboles de no haber sido por su discípulo Platón. Y hay que destacar su trabajo.

Al final, la pregunta propuesta en el título de la obra puede permanecer aún en un estado de mera admiración, pero el análisis de la autora brinda una completa descripción de los hombrecitos en toga. Esos hombrecitos, que encontraron en ellos mismos el camino hacia la verdad, pues “el hombre que exaltaron los griegos era un hombre completo: le gustaba la vida, las fiestas, los banquetes, el amor, la gloria (…) y el amor por la vida realza la importancia de ese esfuerzo por comprenderla, por dominarla, y por elevarse de esos beneficios concretos hacia un pensamiento coherente".

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